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A finales de marzo, el regulador italiano de la privacidad, Garante, exigió a OpenAI que dejara de extraer datos personales de sus usuarios italianos de forma inmediata. La medida respondía a una “falta de información” y “sobre todo” a la “ausencia de una base legal” con la que justificar “el almacenamiento masivo de datos personales”.
El requerimiento de Garante provocó que ChatGPT, el popularísimo chatbot que funciona con el modelo de lenguaje natural GPT-3 (GPT-4 para los suscriptores de pago), dejase de funcionar en Italia. Y no lo hará hasta que demuestre que cumple de forma efectiva el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea.
La tormenta no ha amainado, y en Europa otras autoridades de protección de datos están sopesando emprender iniciativas similares.
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